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Foro sobre la Diversidad Lingüística, Barcelona: construyendo una agenda global para fortalecer las lenguas minoritarias.

Publicado en julio 29, 2026

El Foro de la Diversidad Lingüística, organizado por Linguapax International en el marco del proyecto europeo FOSTERLANG, se celebró del 17 al 20 de junio en Barcelona con gran éxito en cuanto a participación, reuniendo a 150 participantes y 70 ponentes de diferentes países, comunidades lingüísticas y contextos sociales de todos los continentes, con una amplia representación de diversas comunidades lingüísticas en Cataluña.


Durante cuatro días, el Foro se convirtió en un punto de encuentro entre académicos, instituciones, activistas, organizaciones de hablantes de diversas lenguas y la sociedad civil para compartir conocimientos, experiencias y estrategias para la revitalización lingüística. El programa combinó paneles, mesas redondas, grupos de debate, talleres y conferencias con actividades paralelas como la exposición «Las lenguas no mueren, las matan» y la sesión «Música para la Diversidad Lingüística».


Las sesiones abordaron cuestiones fundamentales para el presente y el futuro de las lenguas minoritarias, como los derechos lingüísticos, la justicia social, el activismo lingüístico, las mejores prácticas para la colaboración entre el mundo académico y las comunidades, el papel de las lenguas de migración, el papel de las políticas públicas, el neocolonialismo, el empoderamiento de los hablantes y las estrategias digitales para la revitalización.


El Foro también se ha centrado en Cataluña y el papel del catalán en una sociedad cada vez más multilingüe, explorando maneras de fortalecerlo como lengua de cohesión social dentro de un marco de respeto, reconocimiento y promoción de la pluralidad lingüística. Este enfoque ha permitido compartir aprendizajes transferibles entre contextos muy diversos y fortalecer el diálogo entre experiencias locales e internacionales.


Más allá del intercambio de conocimientos, el encuentro contribuyó a promover una red de colaboración entre organizaciones, instituciones, investigadores, activistas y comunidades lingüísticas que tendrá continuidad en el tiempo. Durante el Foro, se abrieron espacios para la conversación y el trabajo compartido, con el objetivo de generar alianzas, proyectos y acciones futuras en
a favor de la diversidad lingüística y los derechos lingüísticos.


Conclusiones principales


Cómo defender los derechos lingüísticos


En el ámbito de la aplicación de los derechos lingüísticos, se realizó un análisis a distintos niveles —internacional, estatal y nacional— y se concluyó que los derechos lingüísticos no están reconocidos como una categoría autónoma en ningún instrumento internacional jurídicamente vinculante. Su protección se canaliza a través de los derechos humanos individuales (libertad de expresión, derecho a la educación, etc.) y los derechos de las minorías, ambos fundamentados en la dignidad e identidad de las personas y los grupos. Los instrumentos internacionales, como la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias (CEML) del Consejo de Europa o el Convenio Marco para la Protección de las Minorías Nacionales (CMPN), no garantizan por sí mismos el respeto efectivo de los derechos lingüísticos. Las autoridades estatales suelen contrarrestar las interpretaciones de los órganos de supervisión, y los tribunales ignoran o distorsionan las normas internacionales. Además, algunos instrumentos presentan lagunas normativas —como la ausencia de regulación digital en la CEML— que debilitan la protección general.


También se confirmó que la garantía de los derechos lingüísticos no puede recaer en los hablantes individuales: es responsabilidad de las autoridades públicas, que deben adoptar medidas positivas para asegurar su disfrute real y efectivo. Sin medidas de promoción y defensa, las garantías legales se vacían de contenido. A pesar de los avances logrados en contextos democráticos, se detectan importantes retrocesos: la derogación de leyes de formación lingüística, el debilitamiento del concepto de «lengua propia», la eliminación de organismos de garantía y una reducción general de recursos. Ante esta situación, el principio de no regresión lingüística —transferido al derecho lingüístico desde ámbitos como el medio ambiente o los derechos sociales— emerge como una herramienta doctrinal clave para limitar la libertad del legislador cuando pretende reducir derechos ya consolidados, salvo que exista una justificación constitucional suficiente.


En resumen, la protección de las lenguas no es solo una opción política, sino una decisión de gran valor jurídico vinculada al pluralismo lingüístico. El reto actual consiste en evitar el retroceso de derechos ya reconocidos y garantizar su plena efectividad.


El papel de la participación comunitaria en la revitalización de las lenguas.


Gracias a la participación de numerosos activistas lingüísticos de diversas comunidades, que aportaron perspectivas complementarias, quedó patente que se está gestando una revisión coherente de la revitalización lingüística como un proceso relacional, comunitario y holístico. Un tema central en todas las presentaciones fue la necesidad de ir más allá de concebir la revitalización lingüística como un proceso técnico centrado exclusivamente en la documentación, la educación o las políticas públicas. En cambio, el lenguaje se presentó como un componente integral de la vida cotidiana, las relaciones sociales, la continuidad cultural, el presente y el futuro de todas las comunidades. Ya sea a través de las prácticas cotidianas en la Amazonía colombiana, la lucha de los mapuches o los nasa yuwe por la supervivencia cultural y ecológica, las iniciativas de desarrollo comunitario de los torwali o la concepción hesquiaht del lenguaje como medicina, el lenguaje emergió como una fuerza viva que sustenta la vida comunitaria.


Otro punto de convergencia importante fue la estrecha relación entre lengua y territorio. En los contextos amazónico, mapuche, nasa, torwali y hesquiaht, la lengua se presentaba como un medio para mantener la conexión con la tierra, el agua, las plantas, los animales, los ancestros y el mundo espiritual. Por lo tanto, la pérdida de la lengua implica mucho más que la desaparición de palabras; conlleva la erosión del conocimiento ecológico, la memoria cultural y los sistemas de pertenencia. En consecuencia, la revitalización se concibió como un proceso lingüístico, cultural, social, ecológico y político.


Las presentaciones demostraron consistentemente que el peligro para las lenguas radica en historias de colonización, construcción de estados-nación, asimilación, escolarización forzosa, discriminación y marginación. Desde la violencia de la era del caucho sufrida por los pueblos amazónicos y la represión del pueblo mapuche en Chile, hasta los desafíos que enfrentan las comunidades Nasa y Torwali, el cambio lingüístico se vinculó a sistemas de dominación más amplios. Como resultado, el activismo lingüístico surgió como una práctica decolonial destinada a restaurar la dignidad, la identidad, la justicia y la soberanía epistémica. También se cuestionaron las limitaciones del concepto de participación comunitaria. El compromiso comunitario se definió no simplemente como la inclusión en proyectos diseñados externamente, sino como el derecho y la capacidad de las comunidades para definir sus propias prioridades, instituciones, sistemas de conocimiento y futuro. El modelo de gobernanza de la NASA, las organizaciones de base Torwali, las iniciativas comunitarias amazónicas y la crítica de Eddie Avila a las soluciones tecnológicas impuestas externamente subrayaron la necesidad de reconocer la autoridad y la autodeterminación de las comunidades.


El reto de la transmisión intergeneracional del lenguaje


Una de las principales preocupaciones en todas las presentaciones fue el debilitamiento de la transmisión intergeneracional del idioma. Los ponentes destacaron la importancia de reconectar a personas mayores y jóvenes, integrar sus propios conocimientos en contextos educativos, fomentar el uso del idioma en la familia y crear espacios donde las nuevas generaciones puedan conectar con su herencia lingüística. Por lo tanto, la revitalización se entendió no solo como la enseñanza de un idioma, sino como la reconstrucción de relaciones y el restablecimiento de la continuidad entre generaciones.

Se demostró que el activismo lingüístico se desarrolla tanto en espacios tradicionales como emergentes. Las reuniones comunitarias, los espacios ceremoniales y las prácticas culturales siguen siendo esenciales, pero las escuelas, las redes sociales, las plataformas digitales y las iniciativas lideradas por jóvenes cobran cada vez mayor importancia. Los ponentes destacaron que las nuevas tecnologías son más efectivas cuando fortalecen las relaciones comunitarias existentes, en lugar de reemplazarlas.

Se destacó el papel del activismo lingüístico en la transformación de las actitudes comunitarias hacia el idioma. La experiencia de Torwali demostró cómo los esfuerzos sostenidos en educación, festivales culturales, música y medios de comunicación pueden revertir los sentimientos de inferioridad lingüística y fomentar el orgullo entre las generaciones más jóvenes. Procesos similares fueron evidentes en los contextos Nasa y Mapuche, donde el idioma está estrechamente vinculado a la identidad, la dignidad y la resistencia.


También se presentó una perspectiva crítica sobre la tecnología, haciendo hincapié en que las herramientas digitales nunca son neutrales. Las comunidades deben considerar cuestiones como la soberanía de los datos, la propiedad, el consentimiento y los valores culturales antes de adoptar soluciones tecnológicas. El debate demostró que la tecnología puede apoyar el activismo lingüístico, pero solo cuando las comunidades mantienen el control sobre su uso y propósito.


El debate se amplió al vincular la revitalización lingüística con el bienestar y la sanación. La perspectiva de Hesquiaht concibe el lenguaje como una fuerza relacional que conecta a las personas con su comunidad, sus ancestros, su territorio y las generaciones futuras. Este enfoque sugiere que el éxito no debe medirse únicamente por el número de hablantes o los logros institucionales, sino también por la medida en que el lenguaje contribuye a la resiliencia, el sentido de pertenencia, la sanación y la continuidad.


En última instancia, las lenguas no desaparecen simplemente porque dejen de hablarse, sino cuando se rompen las relaciones que las sustentan. Por lo tanto, las lenguas perduran cuando estas relaciones se mantienen a través de las generaciones, entre personas y territorios, y entre sistemas de conocimiento y prácticas cotidianas. El activismo lingüístico no consiste en salvar las lenguas como sistemas aislados, sino en preservar mundos de significado, pertenencia y vida. Por ello, las soluciones no pueden diseñarse desde fuera, sino que deben apoyar a las comunidades para que puedan seguir haciendo lo que ya saben hacer: vivir sus lenguas.


En este sentido, en los debates sobre los retos y el potencial de la investigación para apoyar a las comunidades y a los hablantes de lenguas minoritarias, los participantes —de diversos contextos, disciplinas y posiciones— subrayaron la necesidad de construir alianzas y colaboraciones a largo plazo definidas por los objetivos y la experiencia de los miembros de la comunidad y los activistas, y no solo de los investigadores, y de ser conscientes de la historia colonial de la investigación y las instituciones de investigación, así como de la posible neocolonialidad de las prácticas de investigación y la cooperación. Insistieron en que el paradigma tradicional que establece una clara frontera entre «investigadores» y «comunidades» o «participantes» debe ser problematizado, dado que algunos miembros de las comunidades minoritarias también son investigadores, y todos poseen experiencia y conocimientos especializados en diferentes campos. Al mismo tiempo, los investigadores son también actores sociales cuyas acciones y discursos pueden tener un impacto social y político.


El papel del catalán en una sociedad cada vez más multilingüe.


El Foro también ofreció una visión general de las estrategias para proteger y promover el uso del catalán y cómo visibilizar las lenguas y culturas de personas de diversos orígenes. Los distintos paneles en los que participaron instituciones, asociaciones y miembros de la sociedad civil catalanas confirmaron la importancia de la colaboración entre los diferentes actores a todos los niveles y analizaron el papel que el catalán desempeña o puede desempeñar en la vida cotidiana de las personas migrantes o de origen migrante. Asimismo, se puso de relieve la marginación y el rechazo que muchas de estas personas sufren en diversos contextos: la práctica generalizada de que los hablantes de catalán cambien de idioma al dirigirse a personas racializadas; y la urgencia de abrir más espacios de participación donde sus lenguas y culturas puedan visibilizarse e integrarse en el funcionamiento normal de la sociedad catalana. También se subrayó la necesidad de desarrollar más proyectos con mayor presencia de la población de origen extranjero, en los que el personal técnico esté capacitado para adaptarse a las necesidades de las personas, las culturas, las lenguas y las diversas experiencias, y se creen espacios seguros, libres de prejuicios y presiones, donde la apertura, la curiosidad y la empatía sean los pilares para avanzar hacia una sociedad verdaderamente intercultural.


El Foro se ha organizado con la colaboración del Instituto de Estudios Catalanes y la Facultad de Filología y Comunicación de la Universidad de Barcelona, ​​las sedes de las sesiones, el proyecto Scribal y el Palau Robert, y con el apoyo de la Unión Europea y la Diputación Foral de Barcelona, ​​en el marco del proyecto europeo FOSTERLANG, cuyo objetivo es reforzar el capital lingüístico europeo mediante el apoyo a las lenguas minoritarias y las lenguas de los migrantes.

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